Tanto criaturas pensantes como no pensantes le rezan a esta deidad para que el viento vaya a su favor, ya que en ella recae la responsabilidad de que todo siga un ciclo de destrucción y reconstrucción que se repite cada 360 días. Su imagen es capaz de ser percibida por los mortales como la de dos enormes orbes brillantes en el cielo que brindan los colores del día y la noche, apodados como Sol Brillante y Sol Oscuro.